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Fútbol

LA TRAGEDIA EN LA CORREGIDORA, UN REFLEJO SOCIAL EN LO FUTBOLÍSTICO

Hace algunas semanas se cumplieron cuatro años de uno de los mayores escándalos en la historia del futbol mexicano, y uno de los más sonados de este estilo en la historia reciente del futbol mundial.

Juan Carlos Isordia

05 de abril de 2026 · 3 min de lectura

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Carlos Rebolledo Foyo

Hace algunas semanas se cumplieron cuatro años de uno de los mayores escándalos en la historia del futbol mexicano, y uno de los más sonados de este estilo en la historia reciente del futbol mundial.

Un cinco de marzo de 2022, en el que parecía sería un duelo cualquiera durante la jornada nueve del torneo de Clausura de ese mismo año, una novela nacida casi dos décadas atrás nos mostraría su capítulo más horrorífico…

Y es que la rivalidad entre Querétaro y Atlas se remonta a 2007, donde las porras de ambas escuadras se enfrascaron posterior al duelo correspondiente a la última jornada de ese torneo, donde un doblete de Andrés Olivera le daría el triunfo a los rojinegros, consumando así el descenso de Gallos Blancos.

Las caras de tristeza fueron el común denominador en la afición queretana ese veintinueve de abril en las inmediaciones del Estadio Jalisco, inmueble que veía a su equipo clasificarse a la liguilla; no obstante, fuera del mismo habría un enfrentamiento entre porras que sería la chispa que detonaría esta rivalidad.

Gallos regresó a Primera División para el Apertura 2009, pero no fue hasta el Bicentenario 2010 cuando nuevamente las aficiones de ambas escuadras volvieron a protagonizar actos de violencia, que se volverían a suscitar en la lucha de ambos por mantener la categoría en 2013.

Previo a lo ocurrido en 2022, ambas porras habían sido retenidas, teniendo enfrentamientos aislados en las dos plazas, hasta este lamentable suceso.

Transcurría el minuto sesenta, Atlas lo ganaba 0 a 1 en el Estadio Corregidora, y la porra local, establecida en la cabecera Norte, comienza a movilizarse en masa rumbo hacia la cabecera Sur, donde se encontraba la afición visitante.

En ese momento, el partido es pausado y aficionados, con familias externas a la gresca, comenzaron a bajar al césped del estadio debido a los fuertes enfrentamientos que se estaban dando en la tribuna y pasillos del inmueble.

Peleas que, desafortunadamente, llegaron al terreno de juego y se extendieron alrededor de todas las instalaciones.

Minutos después, las imágenes se encontraban circulando rápidamente, donde aficionados de ambas escuadras se encontraban en estados delicados de salud, y es aquí donde comienza el verdadero dilema de este lamentable suceso.

A las pocas horas, gobernadores de los estados correspondientes se pronunciaron ante la situación, ambos con el discurso marcado y con unas palabras parecidas, sacadas del mismo guion, indicando números similares de heridos, heridos de gravedad y altas médicas, pero el asterisco puesto en “no hay víctimas mortales”, cuando se manejaban, previo a las declaraciones, entre 15 y 17 personas que habrían perdido la vida.

Aficionados, principalmente del Atlas, se manifestaron con los medios que tenían a la mano, habiendo declaraciones de menores de edad mencionando cómo habían sido perseguidos y prácticamente sentenciados a un destino que inclusive parecería haber estado acordado con la seguridad del lugar, quienes abrieron las rejas entre tribunas para facilitar el desplazamiento que ocasionó la gresca.

Y, a pesar de que las autoridades informaron, y hasta la fecha sostienen su versión, las imágenes y declaraciones que son fácilmente de encontrar, sumado esto a las amenazas que periodistas recibieron por indicar la existencia de víctimas mortales, no hacen más que recordarnos el contexto social que vive nuestro país y que, a cuatro años de estos lamentables sucesos y un Mundial en puerta, siguen sin haber consecuencias palpables ni un cambio estricto que nos invite a pensar que no se repetirá un escenario similar en el futuro.